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Significado del arcano XII del Tarot: El Ahorcado

Arcano 12. El ahorcado

Por tener su origen y su deri­vado en el Eremita (lámina IX) y el Diablo (lámina XV), que equivalen a las dos mujeres del Enamorado (lámina VI) sobre el plano espiritual, el duodécimo arcano mayor del Tarot, cuyo complementario es la Rueda de la fortuna, nos presenta a un Ahorcado, cuyo rostro se parece mucho al del Juglar.

Un joven está suspendido por un pie a una horca verde oscura, sostenida por dos árboles amarillos; sendos árboles tienen seis cicatrices rojas que indican ramas cortadas. Los árboles están plantados sobre dos mon­tículos verdes, en los que además crece otra planta de cuatro hojas. Los cabellos y el cal­zado del Ahorcado son azules, así como lo alto de su chaqueta con medias mangas ro­jas, con faldones amarillos,, uno y otro mar­cados con una medialuna horizontal, y abro­chada con nueve botones (seis por encima del cinturón y tres por “debajo), botones blancos, como el cuello, el cinturón y la par­te del traje sobre la que están cosidos.El Ahorcado tiene las manos en la espalda a nivel de la cintura y su pierna derecha está puesta detrás de la otra a la altura de la rodi­lla.

El Ahorcado -o el Sacrificio o la Vícti­ma- representa: la expiación sufrida o queri­da, la renuncia ; el pago de las deudas, la punición, el odio de la muche­dumbre y la traición; la esclavitud psíquica y el despertar liberador, las cadenas de toda clase, los pensamientos culpables, los remordimientos, el deseo de liberarse de un yugo; el desinterés, el olvido de sí mismo, el aposto­lado, la filantropía, las buenas resoluciones no ejecutadas, las promesas no mantenidas, el amor sin compartir . En un Tarot francés del comienzo del siglo XVIII, esta lámina no se llama el Ahorcado, sino la Prudencia, que es un consejo a dar frente al conjunto de significaciones de este arcano. La duodécima casa horoscópica le corres­ponde en astrología

En una primera ojeada, esta lámina es la de la desgracia y la impotencia total. Por eso los brazos y las piernas del Ahorcado dibu­jan una suerte de cruz sobre un triángulo, signo alquímico de la realización de la gran obra. Recordemos una vez más, que debe­mos ir más allá de las apariencias. ¿No será el Ahorcado víctima, ante todo, de una ser­vidumbre mágica? La cuerda, cuyas extremi­dades pueden evocar unas alitas no rodea realmente su pie, y se puede uno preguntar cómo lo sostiene realmente. El Ahorcado simboliza aquí a todo hombre que, absorbi­do por una pasión, sometido en cuerpo y alma a la tiranía de una idea o un sentimien­to, no tiene conciencia de su esclavitud.Todo ser humano dominado por un hábito mental se asemeja a la lámina del Ahorcado, todo hombre dominado por un prejuicio moral, contra o sobre lo que sea, perte­nece a la categoría de las gentes que no son libres, atadas cabeza abajo en el escenario de sus prejuicios.

Pero el símbolo del Ahorcado también de­semboca en otro plano. Su inactividad apa­rente y su posición indican una sumisión absoluta que promete y asegura un mayor poder oculto o espiritual: la regeneración ctónica. El Ahorcado renuncia a la exalta­ción de las propias energías, se borra para recibir mejor las influencias cósmicas: las doce señales rojas de las ramas cortadas evo­can los signos del Zodíaco y sobre todo, su cabeza, entre los dos montículos, parece hundirse en el suelo, al que toca con sus ca­bellos azules, color de las potencias ocultas. Pensamos en Anteo, el Gigante que recupera fuerzas cada vez que toca tierra; en la posi­ción de los yoguis, levantados sobre su cabe­za y con los antebrazos apoyados en el sue­lo, para obtener una mayor concentración intelectual a través de una regeneración y una circulación de fuerzas de abajo hacia arriba, entre el cielo y la tierra. El Ahorcado señala perfectamente el final de un ciclo, el hombre que se invierte para sumergir su ca­beza en la tierra, se podría decir que para restituir su ser pensando en la tierra de la que fue formado. El Ahorcado es el arcano de la restitución final,  pero esta restitución es la condición de la regeneración.

Símbolo de purificación por inversión del orden terreno, el Ahorcado resulta ser en­tonces el Místico por excelencia y es en este sentido que Wirth considera el duodécimo arcano mayor que abre la serie de la inicia­ción pasiva, por oposición a los doce prime­ros que simbolizan la iniciación activa, fun­dada en la cultura y el despliegue de las energías que el individuo poza en sí mismo.

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