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Significado del arcano XXI del Tarot:

Arcano 21. El Mundo

El Mundo del Tarot o «Corona de los magos» expresa la recompensa, el corona­miento de la obra, el término de los esfuer­zos, la elevación, el éxito, la iluminación, el reconocimiento público y los acontecimien­tos imprevistos benéficos. Corresponde en astrología a la décima casa horoscópica. Gé- rard van Rijnberk identifica el mundo con la Rueda de la fortuna (décimo arcano), pues en ciertos juegos la mujer se encuentra, no en una guirnalda, sino de pie sobre un globo, y la teoría de las relaciones entre el Tarot y las casas horoscópicas halla en semejantes comparaciones un nuevo argumento. El Mundo, última lámina numerada del Tarot, vigesimoprimer arcano mayor, simboliza la expansión de la evolución, pues la construcción del Tarot por ternarios y septenarios da al número  veintiuno valor de síntesis suprema: corresponde al conjunto de lo que está manifestado, es decir al mun­do, resultado de la permanente acción crea­dora.

Una joven desnuda color carne, con un velo echado sobre su hombro izquierdo que desciende hasta su sexo que esconde, tiene una vara en cada mano (el -Juglar tenía una en la mano izquierda para recoger los fluidos vitales), está en pie y de frente: su pie derecho reposa sobre una estrecha faja de suelo amarillo, su pierna izquierda está re­plegada tras la rodilla derecha (Empera­dor y Ahorcado en una posición equiva­lente, señalando el deseo de concentrar las fuerzas). Está en el centro de una guirnalda ovalada, sucesivamente azul, roja y amari­lla, hecha de hojas alargadas con nervaduras negras. Hay un nudo en cruz rojo en las dos extremidades.

En el ámbito de los ángulos inferiores de la lámina se sitúan un caballo color carne y un león de oro; en los ángulos superiores un águila y un ángel: símbolos de los cuatro evangelistas, según se dice generalmente, ol­vidando que en la visión de Ezequiel hay un buey y no un caballo (que corresponderá más tarde a san Lucas). Mejor que veamos en esta lámina los símbolos de los cuatro elementos, entre los cuales el caballo repre­senta la tierra, el león al fuego, el águila al aire y el ángel, que parece llevar las nubes, al agua fecundante; símbolos también de las cuatro direcciones de la brújula y la armonía cósmica: el águila, símbolo del oriente; la mañana, del equinoccio de primavera; el león, del mediodía y del solsticio de verano; el buey (aquí el caballo) símbolo de la tarde, del occidente y el equinoccio de otoño; el hombre (aquí el ángel) símbolo de la noche, del septentrión y el solsticio de invierno .

También en el plano psicológico puede darse una interpretación: el  caballo es en­teramente de color carne y es el único que no tiene aureola; puesto que en el Tarot este color significa lo humano, parece que mate­ria y carne, sin la aureola de la sublimación, sean aquí símbolo del hombre en cuanto base y punto de partida de toda evolución espiritual. El león es amarillo, color solar, pero tiene una aureola color carne; estamos aún en el mundo compuesto de materia y es­píritu, en el pie de la lámina; sin embargo lo humano domina lo animal y la materia está ya en vía de espiritualización. El águila, que está en el ángulo superior derecho, es amari­lla oro como el león, pero tiene las alas azu­les que nos recuerdan las de Cupido en los Enamorados y las del  Diablo , alas de las fuerzas oscuras del alma que pueden sublimarse o desviarse en sentido maléfico, según el uso que hagamos de nues­tro inconsciente o nuestra intuición. Aquí su aureola roja nos aclara, pues simboliza la mente que domina los instintos. El ángel, por último, vestido de azul y blanco, tiene alas rojas como su aureola, que sobrepasan netamente el marco de la lámina: simboliza el Espíritu, el valor supremo que debe ser el motor de toda acción y el término alcanzado por toda evolución. Volvemos a encontrar el color rojo en la base, en el centro y en la cima de la guirnalda, pues en su unidad el Espíritu es a la vez el punto de partida, el centro y el término. El personaje central no tiene aureola, pero la guirnalda que lo rodea y en la cual se apoya con la mano izquierda, tiene la forma de almendra: es la mandorla, símbolo de la unión de cielo y tierra, que rodea tanto a la Virgen y a Cristo como a las divinidades hindúes. Esta mujer por otra parte no está inmóvil: el velo que está sobre su hombro parece estar levantado por el viento y su posición de equilibrio sobre un solo pie sugiere el movimiento, generador de las cosas. El Mundo es un torbellino, una danza perpetua donde nada se detiene.

El vigesimoprimer arcano simboliza pues a la vez la totalidad del mundo y del hom­bre: el mundo incesantemente creado por el movimiento armonioso que mantienen ios elementos en equilibrio y el hombre en su ascensión espiritual. El mundo así figurado es el símbolo de las estructuras equilibrantes.

Finalmente la Diosa secreta para los ojos del profano.