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Significado del arcano XVI del Tarot: La Torre herida por el Rayo

Arcano 17. La Torre

La Torre fulmina­da -llamada Maison-Dieu en el Tarot de Marsella- es el decimosexto arcano mayor del Tarot: expresa las catástrofes y desgra­cias, el desmoronamiento y la ruina o, en la posición fasta, según O. Wirth, el alumbra­miento, la crisis saludable, el temor que nos aparta de las empresas temerarias y el bene­ficio sacado de los errores ajenos. Por ser una suerte de complemento negro del Emperador, este arcano corresponde en astrología a la cuarta casa horoscópica.

Dos personajes con cabellos, mangas, fal­dones y calzones azules, mientras que el resto de su cuerpo está vestido de rojo, caen de una torre hendida por el rayo ce­leste con las manos tendidas hacia un suelo amarillo y ondulado, sobre el cual crecen seis plantas de tres, cuatro o cinco hojas ver­des, así se presenta la «Casa de Dios». La to­rre rectangular está construida en piedra co­lor carne; en su tercio superior se abren dos ventanas redondeadas, coronadas con una tercera casi dos veces más alta y situada en medio; estas tres ventanas, en las cuales cier­tos comentaristas han querido ver el símbolo de la Trinidad, son azules y están rayadas de negro. El último piso de la torre se termina con cuatro almenas amarillas, también raya­das de negro, y se inclina hacia la izquierda, a punto de caerse, separado de la propia to­rre por el rayo de volutas amarillas y puntas rojas que tiene un aspecto triunfante de pe­nacho. Circundadas todas de negro, once bo­las azules, trece rojas y trece blancas se des­tacan sobre fondo blanco a cada lado de la torre y figuran el influjo de lo alto o las energías acumuladas por la vida.

La torre es el primer edificio que aparece en la serie de láminas del Tarot, pero su co­lor carne revela su carácter humano: los hombres caen de la torre, pero no se matan en la caída. Únicamente la corona de la to­rre está separada de la base; no es la cons­trucción misma la que está condenada, es su altura excesiva, su corona defensiva y pre­tenciosa; no es el hombre quien está con­denado, es su orgullo. El rayo es la mani­festación divina que lo obliga a tomar conciencia, a volver a encontrar la medida. «Nada de más», decían los griegos y André Virel escribe: «En el arcano XVI del Tarot, la abertura de la corona (cabeza, centro) de la torre por el rayo recuerda el mito grecola-tino que simbolizaba la toma de conciencia verdadera: la abertura con el hacha de Vulcano de la frente de Júpiter. La abertura de la cabeza humana o la abertura de la corona de la torre es la abertura del cielo, el punto de partida de la creación psíquica». ¿No es Minerva, efectivamente, diosa de la sabiduría y de la razón, quien sale total­mente armada de la cabeza de Júpiter?.

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