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Significado del arcano 0 del Tarot: El Loco

Arcano 0. El Loco

Suerte de caballero errante, el Loco parece ser la antítesis o la sombra diabólica del Ere­mita que, como él, corresponde en astrología a la ix casa horoscópica. Sus significaciones habituales son: la expiación de las faltas co­metidas ; la cabezonada, la materiali­dad, la bestialidad que puede conducir a las peores tonterías ; la inconsciencia, la irresponsabilidad, la extravagan­cia ; la persistencia en el error, los peligros de la locura, el negocio que se des­ploma por un error en su base, la mancha o la tara que no se puede borrar.

Entre los arcanos mayores del Tarot hay uno que tiene número pero que no tiene nombre: es la Muerte (XIII); otro tiene nombre pero no número; es el Loco. Su mismo nombre en el Tarot de Marsella, Le Mat, es un problema: ¿Es como en el juego del aje­drez, aquel que hace jaque al rey y lo encie­rra cortándole toda retirada? ¿Viene del per­sa mat que significa muerto, del italiano matto que significa loco? Su vestimenta se parece sobre todo a la de los bufones del rey, y los cascabeles blancos rayados de negro atados a las puntas de su gorguera azul evo­can los cascabeles de la locura. En el con­junto del Tarot es el arcano 22, o bien esta ausencia de cifra significa que su valor sim­bólico equivale a cero, pues el Loco es el personaje que no cuenta, vista su inexisten­cia intelectual y moral . Pero aunque no es nada por sí mismo, puede afectar, como el cero, a todos los valores y números.

Es el vagabundo, el que se va con los ojos en la lejanía; la Muerte (XIII) y él son los únicos personajes que están verdaderamente en marcha en el Tarot. Su barba, puntiagu­da, color carne recuerda la del Eremita, pero éste va con la cabeza desnuda y sobre su ves­tido lleva un capuchón rojo terminado en una bellota amarilla; aquí el Loco tiene un extraño tocado amarillo, en cuya extremi­dad trasera se ha colocado un disco rojo. Este punto rojo, ¿simboliza la última chispa de espíritu que le queda al Loco, su última riqueza, o no es más que un recuerdo del denario amarillo de igual dimensión que esta­ba en la mano derecha del Prestidigita­dor, su primera riqueza? Ese Loco, que se aleja de nosotros llevando sobre los hombros en la punta de un palo blanco nudoso una suerte de bolsa que tiene un aire aplastado y vacío, es indiferente al gato que ha desgarra­do sus zapatos y araña lo alto de su pierna derecha puesta al desnudo. Fardel, gato y pierna, manos y rostro tienen el mismo color carne y simbolizan, en cierto modo, el peso humano del Loco, los sentimientos, las ideas, los apremios, las riquezas, conscientes u oscuras que podrían retenerlo.

También se puede uno preguntar si no es todo lo que ha acumulado tras de sí lo que justamente lo ahuyenta y hace escapar. Ciertamente lo que se lleva es bien escaso, pero lo ha escogido. Al lado del Juglar, para el cual todo era am­bivalencia y donde los colores contrastados con regularidad sugerían un equilibrio de fuerzas, hay para el Loco una menor diversi­dad. Sin duda su vestido tiene los colores azul, rojo y amarillo, pero cada pieza es de un solo color: calzas azules, túnica roja, to­cado amarillo, mientras que el Prestidigita­dor tenía un pie calzado de color rojo y otro de azul. Por otra parte, el Ahorcado tenía ambos pies azules, el Loco los tiene rojos en señal de fuerza y acción. El suelo sobre el que anda es uno de los más fértiles del Ta­rot: tres plantas blancas, dos verdes y dora­das con cinco y seis hojas. Todo esto nos invita a preguntamos si el Loco no simboli­za en verdad algo más que un loco, y si loco a ojos del mundo, lo es también a ojos de Dios. En ese lento andar que nos ha condu­cido del Juglar al Mundo a través de las vicisitudes de la Rueda de la fortuna y de la Torre partida por el Rayo, pasando por la doble muerte del Ahorcado y el arcano XIII, sería muy extraño que el Loco no tuviese más sentido que el de un «ser pasivo… que se deja llevar por los impulsos irracionales» y que además esté allí por nada.

Acabamos de alcanzar el término; el Loco nos da la espalda y se va. Se marcha de nue­vo. Con todas las fuerzas de nuestro instinto y nuestra inteligencia hemos ensayado unifi­carnos y comprender el Universo; he aquí que el Loco sugiere que hay otra vía, que es necesario buscar aún, que todo lo que nos­otros hemos creído encontrar, adquirir o construir no es carga en su fardel. Para este viajero errante nada es fijo, nada está adqui­rido; puede decir todo impunemente, porque está fuera de las reglas sociales, y si, por azar, hubiéramos sufrido la tentación de to­marnos en serio, nos recuerda que subsiste siempre en nosotros una parte que se burla de las reglas y que, incluso de llegar a creer haberlas encontrado, nunca acabamos de andar y buscar. Si en el orden de los arcanos mayores el Loco no tiene lugar determinado, es que puede afectarlos a todos. Es como el coeficiente de desatino vinculado a cualquier ser, y que para él constituye de modo per­manente una amenaza de jaque mate, al mismo tiempo que una invitación a la vigi­lancia y al perpetuo viaje. Simboliza enton­ces tanto lo irracional inherente a todo ser, confundido a menudo con lo inconsciente, como la sabiduría suprema de aquel que, al término de una larga búsqueda, por último ha aprendido en la luz de su conciencia que «parecer estar loco es el secreto de los sa­bios» (Esquilo).